<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3407801859516501874</id><updated>2012-01-27T19:25:36.178+01:00</updated><category term='REVOLUTION'/><category term='BIOKULTURELLE'/><category term='REALE'/><category term='real'/><category term='REVOLUCION'/><category term='biocultural'/><category term='INNERLICHE'/><category term='VERWANDLUNG'/><category term='budismo'/><category term='TRANSFORMACION'/><category term='ÄUSSERLICHE'/><title type='text'>LA REVOLUCIÓN REAL, UNA REVOLUCIÓN BIOCULTURAL (TRANSFORMACIÓN INTERIOR Y REVOLUCIÓN EXTERIOR)</title><subtitle type='html'>EL TERCER FRENTE DE LIBERACIÓN UNIVERSAL___              Blog dedicado al tema del libro del lama Djinpa (Borja de Arquer)
como aportación a la creciente ola de conciencia que demanda un cambio radical en la gestión de la economía, y del planeta en su conjunto.
Cada día se añaden nuevos párrafos al final del texto.
Otros contenidos en el siguiente enlace: &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.lamadjinpa.es"&gt;http://lamadjinpa.es&lt;/a&gt;&lt;p&gt;

&lt;a href="#final"&gt;Saltar al último párrafo&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/strong&gt;</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lamadjinpa.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3407801859516501874/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamadjinpa.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Juan Amor</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://2.bp.blogspot.com/_w0635gqc380/S9XdmT3d9cI/AAAAAAAAADg/VS0G8zIUQCE/S220/Juan_Amor.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3407801859516501874.post-2275381930933530030</id><published>2011-07-15T19:30:00.073+02:00</published><updated>2012-01-27T19:25:36.216+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='VERWANDLUNG'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REALE'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVOLUTION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='biocultural'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='REVOLUCION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='real'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ÄUSSERLICHE'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='TRANSFORMACION'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='budismo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='INNERLICHE'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='BIOKULTURELLE'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div  style="font-family: times new roman;font-family:times new roman;" class="mbl notesBlogText clearfix"&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;LA REVOLUCIÓN REAL, UNA REVOLUCIÓN BIOCULTURAL&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;(TRANSFORMACIÓN INTERIOR Y REVOLUCIÓN EXTERIOR)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;El Tercer frente de liberación universal&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;I.       ECOLOGIA Y REVOLUCIÓN&lt;br /&gt;II.     LA REVOLUCIÓN INTERIOR&lt;br /&gt;III.   LA REVOLUCIÓN EXTERIOR&lt;br /&gt;IV.    LA ALQUIMIA DE LA CARNE&lt;br /&gt;V.      LA REVOLUCIÓN BIOCULTURAL&lt;br /&gt;VI.    INDIGNADOS SÍN FRONTERAS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;I-ECOLOGÍA Y REVOLUCIÓN&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;I.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;1) &lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;Un problema del alma&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.1. La ecología era inicialmente la rama de la zoología que estudiaba la distribución de los animales y su relación con el medio ambiente. Se extendió más tarde al estudio de la flora y del clima. Hoy abarca todo lo que tiene relación con el ecosistema que sostiene y regula la vida; y ello, porque todo,&lt;em&gt;absolutamente&lt;/em&gt; todo, es interdependiente.Precisamente, la interdependencia es el tema central de la reflexión que articula este alegato, este vaticinio de la gran revolución biocultural que ha de cambiar la faz del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.2. Por esto, la ecología ha de tratar también del equilibrio entre las ciudades y el campo y la acción devastadora de las multinacionales que causan la emigración de la gente del campo abocándolas a la miseria suburbial de las grandes ciudades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.3. Todo es interdependiente. La actividad financiera, económica, industrial y comercial, incide de manera aguda en la vida y felicidad de las personas y en todas las áreas de la vida humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.4. De la misma manera que se han de erradicar las causas de una enfermedad han de ser erradicadas, a su vez, las causas de las guerras, las hambrunas, las deslocalizaciones masivas, y todo aquello que trastorna el equilibrio exterior e interior de las personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.5. &lt;em&gt;(&lt;strong&gt;Ejemplo de los manglares&lt;/strong&gt;…&lt;/em&gt;en la costa norte del Ecuador poblada de hermosos manglares, árboles tolerantes a la sal que crecen en Las costas tropicales, en las desembocaduras de los ríos…y proporcionan una protección natural de las costas contra los huracanes y maremotos, y contienen una gran cantidad de organismos acuáticos, anfibios y terrestres… En un punto de esa costa, donde se encuentra el manglar más alto del mundo, cuyos árboles pueden sobrepasar los 60 metros de alto, en Olmedo, donde viven unas doscientas familias… se ha instalado una empresa especializada en la cría de langostinos rojos… Esta industria, que pertenece a una rica familia de la capital, está provocando la muerte del manglar… Se talan árboles, se construyen diques de hormigón, se desvía el agua de las mareas provocando la caída masiva de los árboles, se ha desviado un río para que haga de canal de desagüe de los productos químicos y plaguicidas usados en los criaderos… El resultado es la muerte masiva de árboles y la pérdida de más del 70% de los recursos pesqueros, vitales para el sustento de la población, muchas de cuyas familias han tenido que emigrar para vivir en los barrios más marginales de las grandes ciudades…&lt;em&gt; una hectárea de manglar natural permitía vivir dignamente a 10 familias de la recolección de pesca y moluscos, mientras que 100 hectáreas de piscinas dan trabajo a cuatro personas…&lt;/em&gt;Aún más, esta industria apenas sobrevivirá 10 años. En ese plazo los manglares estarán agotados, y los langostinos tendrán que criarse en otros lugares… Nuestro mundo está lleno de historias como esta. Historias de empresas poderosas que, en su afán de capitalizar en el menor tiempo posible sus beneficios, destruyen mares, bosques, lagunas y reservas naturales, sumiendo a sus habitantes en la pobreza. A esto le llamamos desarrollo (El País 11-7-010 Gustavo Martín Garzo&lt;em&gt;). &lt;/em&gt;[también puede citarse el Ejemplo de la Pampa de la Patagonia Argentina con Benetton].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.6. No se puede continuar tolerando esto en ninguna parte del mundo. El bien colectivo ha de primar sobre el privado. Ha llegado el momento de decir:¡Basta ya! La actividad criminal de las multinacionales y demás empresas neoliberales se ha de inscribir, ya de una vez, y con carácter de urgencia, en el código penal, lo mismo que los genocidios y los crímenes de lesa humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.7. El medio ambiente no puede limitarse sólo a los aspectos atmosféricos, climatológicos y&lt;em&gt;ecobiológicos&lt;/em&gt; de la flora y la fauna. Nos olvidamos de lo más importante. Nos olvidamos de los seres humanos, su equilibrio y relación con el medio ambiente, del que depende su vida y su dignidad. La ecología ha de contemplar, por encima de todo, el equilibrio social, económico y cultural, urbano y rural, así como aquellos aspectos vitales que condicionan la vida de los seres humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.8. La economía, la sociología, la política, la filosofía incluso, no pueden quedar secuestradas en manos de los mercaderes y las oligarquías elitistas ni de las teorías economicistas que atentan contra la salud pública.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.9. No nos interesa a donde apuntan los mercados, ni el crecimiento insostenible que justifica la explotación del trabajo ni el producto nacional bruto en nombre del que se embrutece la vida de las personas. Nos interesa, por encima de todo, el &lt;em&gt;capital de la felicidad&lt;/em&gt;, dentro de las posibilidades ontológicas del ser humano. Eso es lo que queremos desarrollar, la felicidad que ilumina la vida, no la riqueza innecesaria que acumula algo así como un dieciocho por ciento de la humanidad en detrimento de la felicidad del resto de la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.10. Casi la mitad de toda la tierra cultivable que hay en Estados Unidos está en manos del 4% de los propietarios del país. En Guatemala, menos del 8% de los productores agrícolas se reparten el 80% de la tierra; y la mitad del campo de Brasil está controlado por el 1% de la población.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.11. La desigualdad en el acceso de la tierra, según datos del diario &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt; del 1 de junio de 2011, perpetuada por gobiernos y empresas, es uno de los factores que están empujando al abismo al sistema alimentario mundial. Esta especulación, junto con la escalada de los precios de los alimentos y el cambio climático, constituye una "bomba de relojería" que puede echar por tierra décadas de avance en la lucha contra el hambre, según el estudio "cultivar un futuro mejor" presentado por la ONG Intermón Oxfam.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.12. La globalidad de la ecología desplaza el ámbito de los intereses creados, y exige una visión científica que no someta al ser humano al papel de animal encadenado a las exigencias de productividad salvaje al servicio del lucro que están destrozando la vida de familias y pueblos enteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.13. Como señala &lt;em&gt;Sulak Sivaraksa&lt;/em&gt;, autor de "La Sabiduría de la Sostenibilidad" (Economía budista para el siglo XXI, publicado por Ediciones Dharma, 2011), "Hay una gran necesidad de cambio. Es hora de que la gente sea la prioridad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.14. El planeta necesitó miles de millones de años para poder filtrar los rayos del sol, y dar así cauce a la vida; a una vida que a lo largo de cientos de millones de años se ha ido conformando y extendiendo a través de complejos y delicados mecanismos cibernéticos, interdependientes, que hoy nuestro desarrollo tecnológico y nuestra falta de cuidado pueden destruir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.15. La nueva ciencia, así como algunas antiguas doctrinas no teístas, como la ontología y cosmología budistas, nos invitan a tener en cuenta este hecho impresionante: hay partículas minerales en nuestro cuerpo que tienen una antigüedad de miles y miles de millones de años; es decir, que los elementos constitutivos de nuestro cuerpo no han nacido con nosotros, sino que somos, en gran medida, el producto de su combinación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.16. Pero sabemos, además, que una estructura no viene determinada sólo por los elementos que la componen, sino, y sobre todo, por el tipo de relación establecida entre ellos. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Es el modelo –la forma de relación– lo que determina que algo sea una piedra, una flor o un ser humano. &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.17. Podemos, por otra parte, afirmar que sabemos mucho acerca del proceso evolutivo y de estructuración de la vida, casi somos capaces de reproducir un cuerpo humano, pero lo que no podemos hacer es dar una conciencia a ese cuerpo porque lo desconocemos todo acerca del espíritu que anima la vida. Hablamos, por ejemplo, de inmunodeficiencia, la estudiamos con microscopios atómicos, pero no sabemos nada de la “humano deficiencia” que causa todas las enfermedades, y que nos acerca vertiginosamente a ese punto crítico que no permite retorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.18. Lo cierto es que no somos capaces de reproducir el milagro de la vida consciente, pero somos, en cambio, muy capaces de destruirla. Ése es el poder que hemos adquirido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.19. Sin embargo, no quiero caer en el melodrama ni en el pesimismo escatológico de algunas utopías. Al fin y al cabo, esto entra en el orden natural de las cosas. Nada es permanente. El sufrimiento tampoco es permanente. Además, la vida, lo sabemos, es inseparable del sufrimiento. La vida, lo afirma nuestra experiencia histórica, religiosa, social y personal, es sufrimiento. El Paraíso Terrenal, si lo hubo, se ha perdido, y recobrarlo parece cada vez más lejos de nuestro alcance. Además, suponiendo que consiguiéramos recuperarlo, lo volveríamos a perder. Lo sabemos: todo lo que se erige, un día u otro se desmorona; todo lo que se acumula, un día u otro se dispersa; todos los que se encuentran, un día u otro se separan; todo lo que nace, muere. Esto es sufrimiento… Mientras nos identifiquemos con las cosas, con estas cosas perecederas, estaremos poniendo causas de sufrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.20. La impermanencia es ley de vida. En el espacio que consiguen abarcar nuestros más potentes telescopios —espacio, por otra parte, ínfimo– los astrónomos pueden contar aproximadamente cientos de miles de galaxias, y millones de soles y planetas, entre los que se han de encontrar planetas similares al nuestro. Todo está en movimiento y todo cambia. No hay nada que permanezca estable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.21. En esa pequeña porción del cosmos, nuestra desaparición repentina pasaría prácticamente desapercibida. Dicen que tal desaparición se vería, a lo sumo, como una motita de polvo cayendo al trasluz de una ventana. Pero no quiero plantear la cuestión de la ecología desde una perspectiva apocalíptica o estridente, sino con la determinación y la libertad de pensamiento que nos concede, precisamente, su desdramatización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.22. Esto resulta difícil porque se trata de un asunto de conciencia, y solemos tener la impresión de que a la conciencia se la puede despertar gritando. Pero no basta gritar.&lt;br /&gt;Razonar sobre la cuestión es, sin duda, una forma de grito, o por lo menos una vibración, una señal de alarma. En la Antigüedad se decía que un concepto es como el golpe que se da a un gong de bronce. Pero, en la actualidad, los razonamientos ni sobresaltan, ni despiertan ni hacen vibrar el corazón de casi nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.23. Por eso necesitamos algo más que un simple razonamiento. Algo que alcanzase a tocarnos el alma, la fibra más sensible de nuestro corazón mental. En este caso, el concepto a “tocar” es el de la ecología y la conciencia o pensamiento, y la vibración posterior es el razonamiento con el que quisiéramos llegar a hacer vibrar el corazón de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, en cuyas manos está el poner fin a tanto y tan peligroso descontrol, para lo cual se hace necesario plantar cara públicamente a los poderes facticos establecidos, tal como se ha hecho el 15M, por ejemplo, aunque no con la suficiente altura de miras, con la suficiente ambición solidaria y universal que requiere la revolución biocultural que, se siente ya, de ahí estas manifestaciones, pero que aún no ha sido concientizada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.24. Si se tratase de un problema meramente ecológico o de justicia laboral, científico o técnico, no cabe duda que podríamos solucionarlo. ¿Acaso nuestro planeta no cuenta con energía y recursos suficientes para atender a las necesidades de todos sus habitantes, sin excepción? Pensemos en la enorme cantidad de recursos que se arrojan al mar o se incineran o se dejan pudrir al pie de los árboles; pensemos en los presupuestos militares, en el fraude fiscal y social, en nuestros cubos de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.25. La revolución biocultural, en la que ya estamos inmersos,incorpora la &lt;em&gt;conciencia de la dignidad del ser humano &lt;/em&gt;a la evolución crítica, vital, en la que se inscribe el paso del &lt;em&gt;homo tecnosalvaje &lt;/em&gt;que domina hoy el mundo al &lt;em&gt;homo sapiens sapiens&lt;/em&gt; que garantiza la continuidad de la vida del ser humano en este planeta o, mejor dicho, visto el cariz que ha tomado la mera racionalidad que se considera que caracteriza a los humanos, debiéramos de hablar del ser sobrehumano y la cultura sobrerracional como nuevo paradigma biocultural de la humanidad naciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.26. Sabemos cuidar del cuerpo y transformarlo si hace falta; podemos cambiarnos la nariz, si no nos gusta la nuestra, pero ignoramos como cambiar o transformar nuestro espíritu, ese mal espíritu que nos lleva al desastre porque se aleja cada vez más de la naturaleza de las cosas, porque se separa de la realidad y nos impide retener el sentido de la vida. Ese mal espíritu que sólo se preocupa de sí mismo, que se limita y se confunde con el cuerpo, alejándose de este modo de la posibilidad de conocerse a sí mismo. El árbol impide ver el bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.27. Resulta pues evidente que el problema ecológico que padece el mundo no es de índole tecnológico. La tecnología y los tecnócratas no tienen la culpa de nuestra ignorancia fundamental. Nuestro problema básico, que es un problema colectivo porque atañe a cada uno de nosotros, deriva del hecho de que somos unos bárbaros, de que actuamos y pensamos como bárbaros, es decir, como seres que confunden el fin con los medios. Este es el problema base que aún no han solucionado las manifestaciones sociales del presente. Todos los problemas y desgracias que padecemos y que ponen en peligro la vida misma en su conjunto surgen del error de tomar la vida como un fin en sí misma, y no como una aventura trascendental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.28. No, no se trata de un problema científico o técnico, como el de la escasez de cereales vivos y el exceso de alimentos híbridos que amenaza con dejar a las generaciones futuras sin mucho que llevarse a la boca. Si fuera un problema físico o material, acabaríamos encontrándole una salida o, al menos, un sucedáneo, aunque fuese en el ámbito de la esclavitud de los hormigueros, en el que ya estamos cayendo. Por esto, la revolución es ya, además de necesaria, urgente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.29. Sabemos cuidar del cuerpo y transformarlo si hace falta; podemos cambiarnos la nariz, si no nos gusta la nuestra, pero ignoramos como cambiar o transformar nuestro espíritu, ese mal espíritu que nos lleva al desastre porque se aleja cada vez más de la naturaleza de las cosas, porque se separa de la realidad y nos impide retener el sentido de la vida. Ese mal espíritu que sólo se preocupa de sí mismo, que se limita y se confunde con el cuerpo, alejándose de este modo de la posibilidad de reconocer su verdadera naturaleza y el potencial extraordinario que estamos reprimiendo en aras de la &lt;em&gt;moral-ficción&lt;/em&gt;imperante. El árbol impide ver el bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.1.30. Repito, pues, que no se trata de un problema técnico o del medio ambiente, sino de un problema del ambiente cultural que respiramos. El problema clave, el big bang de una ecología que se quiera efectiva, es un problema del alma humana, un problema surgido de lo cruel y pervertida que puede llegar a ser la naturaleza humana que es capaz de confundir las causas de felicidad con las del sufrimiento, capaz de retorcerle el cuello a la misma gallina de los huevos de oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2) La perversión intelectual del realismo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.1. La vida, tal como la conocemos hoy, esta civilización tecnosalvaje –y lo grave es que sea salvaje, no lo otro– resulta del espíritu intelectual, conceptual, que sustituye a la ventura de la vida, el viaje del conocimiento, por el egocentrismo imperante y la cultura de escaparate del antropoide afeitado, el hombre tecnosalvaje, sus deseos y apetitos más espurios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.2. Es el triunfo del “yo pienso, luego existo”. Es verdad, pues virtualmente sólo “existimos” en razón de lo que pensamos. Por eso es tan importante lo que pensamos. Caer en la locura de pensar sólo en nosotros mismos, como el osito almizclero que da vueltas sobre sí mismo en busca de un perfume que lo fascina, nos conduce a esa actitud intelectual, enajenada de la vida, que necesita explicarse conceptual o verbalmente incluso lo más evidente, porque ya no es capaz de ver nada directamente, con sus propios ojos, libre de conceptualizaciones y fijaciones egocéntricas, generalmente de “segunda mano”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.3. Es eso lo que nos vuelve indecisos. La característica de este espíritu intelectual es que nos hace indecisos, enajenados y dispersos, como a “aquel hombre herido por una flecha” que no permite que los que acuden en su auxilio se la extraigan si no responden antes a sus preguntas sobre quién la ha lanzado, cuál es su nombre, por qué lo ha hecho, si está envenenada, qué clase de veneno... y así muere desangrado, acuchillado por sus disquisiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.4. Es eso lo que nos impide encontrarnos con la realidad de la interdependencia, que es el fundamento de la comprensión y la solidaridad universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.5. En eso estamos, explicándonos lo que es evidente, brutalmente evidente, pero tan cercano que no se ve, o no se quiere ver. Precisamente, en eso consiste el diletantismo o rodeo que damos para mirar a la verdad de lado o a lo sumo de soslayo, lo que implica nuestra necesidad de encontrar una explicación para todo, una excusa, un retrasar la solución al problema del que no quieren salir ciertas gentes “pudientes” y los políticos que las representan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.6. Explicar algo significa alejarse de ese algo, convertirlo en un objeto, envolverlo con los anticuerpos de nuestro intelecto. La explicación suele ser la vacuna que contrarresta la solución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.7. Así procedemos al explicar el hambre y la expoliación de África o la Guerra del Petróleo, la nueva colonización de América del Sur por parte de las multinacionales y el FMI, o el saqueo salvaje del sistema neoliberal que padecemos a manos de los que comercian con la comida generando el hambre de los pueblos, y los financieros de las guerras, la trata de mujeres, de niños y de órganos, la bioquímica de márquetin, la medicina industrial, las drogas y el nuevo esclavismo del trabajo, los tiburones de la bolsa y los bancos y los hombres de negocios anónimos que arrasan con todo. Cuando pretendemos explicarlo o describirlo, digo, nos desvinculamos del problema, aunque lo lamentemos en abstracto, porque nunca asumimos lo que piensan o sufren los otros como algo propio. En realidad, somos incapaces de contemplar otra realidad que no sea la del “yo pienso”, la que me afecta directamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.8. A partir de la teoría del conocimiento que se basa en la radical separación del sujeto que conoce o piensa y del objeto conocido o pensado, y de la creencia, más teológica que científica, en esta dualidad que Descartes elevó a rango de ley al afirmar: “la cosa que piensa –es decir “yo”– no tiene necesidad de otro objeto que de sí misma para ejercer su acción, aunque pueda también extenderla a las cosas materiales cuando las examina”, dualidad de la que resulta este pensamiento rector que se cree independiente, no interdependiente, con el que investigamos la realidad como algo ajeno a nosotros, como una cosa u objeto extraño a nuestra propia naturaleza. Limitamos de este modo nuestra percepción de la misma, la totalidad sujeto–objeto, al desvincular, en el momento de la experiencia, al sujeto que investiga, por así decirlo, mirando la televisión, ahíto y amodorrado después de haber comido y bebido en exceso, del sujeto u objeto investigado, el niño cadavérico en brazos de una madre desolada, que aparece en la pantalla como algo ya congelado por la historia inevitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.9. Al aceptar esta manera errónea de considerar las cosas procedemos a colocarnos las lentes del racionalismo cartesiano que nos han inculcado en la escuela, desde nuestra más tierna edad, este realismo cómodo, fácil de entender para los niños pues se basa, cada vez más, en el egocentrismo, dando lugar a una razón o razonamiento dual, dividido, que separa el cuerpo del alma, a la razón de la dignidad implícita del ser humano, al yo del otro, haciéndonos ver dos entidades donde no hay dualidad, donde no hay “dos”, al margen de la abstracción conceptual, mental, intelectual, que pretende hacernos ver tal como si la materia y el espíritu, la casa y el habitante, el continente y el contenido, la madre y el hijo, el exceso de un lado y la carencia del otro, pudieran existir por separado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.10. Nos estamos auto mutilando, pero creemos que la imagen patética que vemos en el espejo de la televisión es la de otro. En lugar de quedar anonadados, nos quedamos dormidos, anestesiados por el opio del intelectualismo llamado “realista” y su secuela de explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.11. Esta es la tragedia invisible que anuncia el fin de los tiempos de la humanidad inteligente, capaz de trascender las limitaciones meramente animales o biológicas con las que nos quieren enterrar los idus del patriarcado senil esqueletizado en el llamado "sistema", nuestro enemigo sistemático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.12. La ciencia que así nos desorienta, mejor que clásica o moderna, habría que llamarla ciega, pues determina esta miopía de la conciencia, este abismo cultural que desgarra en lugar de coser puesto que trabaja con una aguja de dos puntas, sujeto y objeto separados, cuya punta virtual del iceberg es ese doble rasero moral que se aplica a los llamados conflictos o problemas internacionales y, en general, a los problemas que consideramos ajenos. Ese dicho neoliberal, insolidario, terriblemente elocuente, de “es tu problema“.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.13. Somos demasiado intelectuales, en el peor sentido de la palabra. Nos abstraemos de la realidad, es decir, nos sustraemos de lo evidente adentrándonos en sus entresijos, fijándonos en sus partes y divisiones, clasificaciones y subclasificaciones, en una fragmentación indefinida que hipnotiza nuestra mente, cada vez más aburrida, miope y burocratizada, en la medida en que reducimos el universo a una máquina viviente y al ser humano a un cuerpo de necesidades excluyentes, alejándonos así inexorablemente de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.14. Es asombroso que los hombres de buena voluntad y probada solvencia crítica en el campo social y el económico, se me ocurren nombres como el de Mayor Zaragoza, Joan Melé, Paco Alvarez Molina, Vicenc Navarro, Annie Leonard, Green Peace, Amnistía Internacional, etc., a pesar de la solidez de sus argumentos, no sean escuchados por los que quieren cambiar las cosas desde el interior del sistema, guardando las formas para que lo bueno no se hunda también junto con lo malo, tal como si a un organismo mortalmente herido en su corazón se le pudiese salvar el resto de sus órganos y mantener la misma cara, la misma personalidad jurídica y política causante del mal mortal. No cabe una revolución parcial. Hay quienes quieren cambiar las cosas pero no saben bien por qué otras cosas. En definitiva, parece que quieran cambiar algo para que todo continúe igual. Carentes de una visión global, solidaria, universal, no disciernen la diferencia que separa la revolución biocultural de las revoluciones meramente sociales o políticas de las que han surgido las mismas pseudodemocrácias que están destruyendo la justicia social y los derechos humanos que lograron para unos pocos. La crisis económica y de valores que vivimos hoy es tan antigua como la de los imperios faraónicos,romanos, teológicos y coloniales que se han perpetuado hasta el día de hoy por medio de la dictadura neoliberal que padecemos. Me estoy refiriendo a los millones de votantes teledirigidos por los medios de comunicación tradicionales que se quieren beneficiar de un sistéma injusto e irracional que destruye los valores humanos y ensalza el individualismo de los depredadores, consumidores se les llama hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.15.Pensamos demasiado en demasiado poco . Sólo en nuestros apetitos y necesidades más aparentes e inmediatas. A eso contribuye no poco el régimen publicitario de los medios de comunicación, Caballo de Troya que los hombres de negocios y los poderes fácticos nos introducen en casa, la mayor fuente de polución sociocultural que padecemos, la más peligrosa y de efectos más devastadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.16. Lo que mal se inicia, con el mal se afianza. Esta teoría del conocimiento que impregna nuestras escuelas primarias y la mentalidad de nuestras hogares y calles, y lo que es peor, que ignora olímpicamente la naturaleza global e interdependiente del ser mismo y de su entorno, genera enfermedades contra la naturaleza como las que ahora se están manifestando, algunas de ellas catalogadas incluso como delito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.17. Así, la contaminación de los mares y de los ríos, la depredación endémica de la flora y la fauna en pos de nuestro delirio de enriquecimiento combustible, mientras se produce la fusión de los casquetes polares de esta mente intelectualoide y codiciosa que puede arruinar en poco tiempo el laborioso proceso de miles de millones de años del que surge la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.18. De ahí arranca en buena parte este problema vital que vivimos hoy. No sólo no conseguimos la felicidad humana y la explicación última de los fenómenos registrando las leyes naturales, sino que, al extrapolar estas leyes a las ciencias humanas y a sus aplicaciones sociales, hemos favorecido la proclamación de leyes “naturales” de mercado con las que nos reducimos a la condición de animales que se comen los unos a los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.19. Hemos de hacer un esfuerzo sobrehumano para salir de este agujero mental que tanto mal causa, hemos de trascender el nivel de estas limitaciones animales. Es una revolución biocultural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.20. Algo nuevo se afirma en el planeta como elemento principal de la evolución humana que trasciende el límite de la irracionalidad que nos ha conducido hasta aquí, al borde de la pérdida de la conciencia que nos permite ser libres y solidarios, aventureros de la vida del conocimiento que no tiene fin cuando se disuelven las nubes conceptuales, egocéntricas, y los velos kármicos que nos mantienen prisioneros del miedo, del apego, de la ignorancia propia de la hormiga de la despensa, incapaz de levantar la mirada más allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I.2.21. Más que pensar, hemos de mirar francamente y sin velos a las cosas, objeto de conocimiento. Más que pensar en ello, hay que mirar ya directamente a la realidad que trasciende los muros de la dispersión mental, con la que ahora nos confundimos al rendir la dignidad humana a las leyes de las ciencias naturales y a sus aplicaciones sociales, plagadas de intereses ancestrales de las propiedad animal que marca los límites con sus orines de clase y el deseo de permanecer, el miedo a la muerte natural y a la muerte violenta por igual, el miedo que nos hace estudiar los mecanismos animales con la fruición de las supervivencia, con la que hemos favorecido la proclamación de leyes “naturales” de mercado con las que nos reducimos a la condición de animales que se comen los unos a los otros...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;2.22. A esto nos ha conducido la distorsión  intelectualista de la realidad de las cosas. La mirada baja del  “realismo” con la que lo reducimos todo a la medida del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt;homo faber.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;2.23. No es suficiente saber cosas. Es necesario  levantar la mirada. Un sistema tan complejo como el de la estructura de  la vida, sea orgánica o inorgánica, cósmica, social o individual,  exterior o interior, es inestable y suele sufrir fluctuaciones,  perturbaciones y reacciones en cadena que se oponen a la rigidez  mecanicista de nuestra linealidad mental con la que precipitamos crisis  que pueden ser catastróficas e incluso –ahora ya no lo podemos ignorar–  irreversibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;3)    El futuro pasa por casa&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.1.  La nueva física ha puesto de manifiesto que la unidad material que  tanto ha buscado la ciencia occidental no existe, que no existe un  “punto singular” que sea principio del universo y de todas las cosas. No  hay pues dualidad, porque, si no hay “uno”, no hay “dos”, y viceversa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.2. Esta nueva visión del mundo va a cambiar no sólo nuestra percepción del universo, sino también nuestra actitud frente a la vida y la muerte, frente a nosotros mismos; y a propiciar, tal vez, la revolución sociocultural y biocultural mayor de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.3. Pero, esta revolución no podemos ni debemos esperar que surja del sistema establecido. Para que nos haga libres y consecuentes con nosotros mismos y con nuestro entorno debe nacer de nuestra conciencia, individual y colectiva, de nuestra investigación personal del orden espiritual, del clima cultivado en nuestros hogares, escuelas y universidades, de la transmisión oral y multimedia, de la  de la atomización, que no desarticulación, de los medios de comunicación y del poder.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.4. El cambio, si nos atenemos a sus indicios, ya  está surgiendo. La aparición de las ONG, que tan buenos resultados  están dando pese a su minifundio y escasez de recursos, pone de  manifiesto el modo y la manera en la que se va a desarrollar el germen  de esta necesidad biocultural que, al emerger de nuestra corteza  histórica, puede dar lugar al florecimiento de una humanidad adulta,  consciente y solidaria, más cerca de la plenitud a la que aspira el &lt;em&gt;homo sapiens sapiens&lt;/em&gt;...  Y también es testimonio de ello las manifestaciones para una  Democracia Real Ya del 15 M y las revueltas del Norte de África y  Oriente Próximo, todas ellas en contra de las oligarquías asfixiantes,  quizás más crueles que nunca cuando se esconden tras la gurka de las  sociedades anónimas, directamente asesinas muchas veces, pero  respaldadas por la legitimidad social y política que se han hecho a su  medida burlando el anhelo de felicidad del resto de la humanidad, a la  que se lo ponen todo muy difícil cuando no trágicamente imposible,  fomentando la desmembración de las familias, la deslocalización de los  trabajadores y las emigraciones forzosas, cuando no las guerras y los  genocidios.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.5. Pese a todo, o  precisamente por ello, como tantas otras revoluciones surgidas como  reacción al abuso extremo, el cambio se anuncia por doquier.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.6. La atomización de los medios de comunicación   abre un resquicio a las reiteradas y múltiples humillaciones de las que   ha sido objeto la humanidad base a lo largo de la historia, y ahora   vuelve a florecer esta antigua aspiración de la humanidad que apunta a   la felicidad y a la sabiduría que se manifiesta, ahora, enarbolando la   bandera de la ecología, una ecología integral, no política o de   funcionarios al servicio de los poderes fácticos, aunque tampoco se   trata de un asunto de beneficencia. Una ecología trascendental además   de ambiental.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.7. No se trata de supervivencia ni beneficencia. Se trata del &lt;strong&gt;nuevo ser humano, hombre o mujer, que ha de trascender al &lt;em&gt;homo faber&lt;/em&gt; tal como éste trascendió al mero mamífero&lt;/strong&gt;. Se trata de una &lt;/span&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;font-size:130%;" &gt;mutación necesaria&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; cuyas coordenadas se inscriben a otros niveles, con otra frecuencia de espíritu y otros registros culturales.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.8. Pero, mucha atención, no hay un ápice de  revanchismo en ello. Se entiende que las sociedades anónimas y las  oligarquías explotadoras del bien común no están hechas de malas  personas. Son hijos de la ignorancia, de la codicia y el egocentrismo  establecidos entre los seres humanos desde siempre, incluso con  carácter religioso. Solo hay que mirar la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.9. Los problemas socio-ecológicos actuales no  son responsabilidad de un determinado tipo de gobiernos, oligarquías y  sociedades anónimas o planes quinquenales tecnosalvajes, aunque todo  ello sea el exponente de la situación actual junto con la otra cara de  la moneda, cuya cruz es la injusticia, la miseria y el hambre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.10. La responsabilidad es de nuestra manera de pensar, que hace florecer la codicia y la insolidaridad que todos albergamos. Porque la codicia no habita sólo en el corazón de los colonizadores y los mercaderes; la alberga también el corazón de los explotados y los engañados.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.11. Por eso, si no tomamos la iniciativa, o no  apoyamos a los que ya la han tomado, nos perderemos de nuevo en los  callejones sin salida de esas disquisiciones mentales que son el  producto de nuestro espíritu excesivamente intelectualizado y  deshumanizado; y así dejaremos pasar la oportunidad de esta &lt;strong&gt;&lt;em&gt;mutación histórica&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; en el planeta, &lt;strong style="font-weight: normal;"&gt;&lt;span _mce_style="text-decoration: underline;" style="text-decoration: underline;"&gt;el paso de la historia a la metahistoria&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;, en la que se resuelvan todas las contradicciones con las que se construye la historia patriarcal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;3.12. Para insistir en la necesidad de otros caminos,  quiero detenerme en lo que sucede con el voto ecologista, mínimo,  prácticamente inexistente a la hora de la verdad. Si los ecologistas esperan a tomar el poder, estamos aviados. Hay que actuar no desde el poder sino desde &lt;/span&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;font-size:130%;" &gt;la constatación de "no poder más"&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;, para contribuir a esta mutación que suscita la necesidad de un replanteamiento ecológico de la vida en nuestro planeta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;4) El bien común, el único bien.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.1.   En el siglo III, Nagarjuna, un filósofo indio budista, fundador de la  escuela de pensamiento llamada “el camino medio”, que se aleja tanto del  eternalismo idealista como del nihilismo materialista, sintetizó en una  frase la originalidad milenaria del pensamiento ecuánime, de esa visión  justa, herencia de nuestros más nobles antepasados, que nos permite  escapar de las contradicciones que nos asolan hoy y alcanzar -incluso-  la plenitud humana, solidaria y universal: “No hay ningún fenómeno  -dijo-  que no sea producido por múltiples causas interdependientes. Así  pues, no hay ningún fenómeno –incluido el “yo”, sea humano o divino–  que tenga existencia propia”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.2. Este pensamiento justo, tan alejado  del cartesianismo que rige aún nuestras vidas y nuestras sociedades  competitivas, pone de manifiesto el punto débil sobre el que apoyamos  la palanca tecnológica con la que pretendemos levantar el mundo a los  cielos, a la manera de la Torre de Babel. Porque una economía cerrada,  tal como es nuestra antropoeconomía, basada en el principio erróneo de  anteponer nuestro beneficio al de los demás, como si realmente  fuésemos independientes y no interdependientes, es una economía  ilógica y salvaje, abocada al fracaso más estrepitoso. Sencillamente,  porque lo uno no existe fuera de lo múltiple.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.3. Debemos tener muy claro que el beneficio   individual y el colectivo son inseparables, como lo son el “ser” y el   “no ser”. Esto nos lo explican oportunamente la lógica y la psicología   budistas, que no son propiedad de Oriente u Occidente, sino que   constituyen el elemento de la visión integradora, universal, del hombre   y de la mujer nuevos, del ser consciente, siempre jóvenes, libres de   los extremos dialécticos del pensamiento dual que conduce al  gregarismo  y a la superstición...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.4.  ...que eleva a rango de ley la barbaridad de  que los seres humanos se  vean obligados a luchar entre si para conquistar  una cantidad suficiente de  alimentos y confort que asegure su  supervivencia, en detrimento de los  más débiles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.5.  Solamente un error tan básico, un  pensamiento dual tan miserable y perturbador, puede hacer que nos  durmamos mientras tres cuartas partes de la humanidad, y con ellas la  flora y fauna del mundo, mueren por falta de energía y concierto; la  que le sustrae la cuarta parte restante, que se muere de las  consecuencias nefastas del exceso de energía: contaminación  medioambiental, producción y consumo en cadena, estrés, infartos,  abortos, accidentes de circulación, “chernobiles” e intoxicaciones de  todo orden, físicas y mentales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.6.  Ésta es la cara del pensamiento disminuido, insolidario y provinciano o  gregario, que renuncia a la aventura del conocimiento porque rechaza la  posibilidad de ver m{s all{ de su pequeño “yo”, de su “yo pienso” con  el que se afirma en su ignorancia familiar, esta ilusión infantil que  prescinde del fundamento epistemológico de la sabiduría, fuente de  felicidad, que es el amor a la verdad por encima de todas las cosas, el  yo trascendido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.7. Como decía un sabio contemporáneo, Lama  Yeshe: "Trabajar simplemente para satisfacer las necesidades y bienestar  mundano del pequeño “yo” es la ocupación de las gallinas y de las  hormigas, que pasan la mayor parte del tiempo buscando y consumiendo  comida y agua. Nuestra inteligencia humana debería ir más allá, y  alcanzar, al menos, una comprensión más profunda que la de las  gallinas".&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.8. Es evidente que si  vivimos como gallinas, no solucionaremos nada, y esto irá de mal en  peor, y acabaremos como las gallinas en esas granjas de martirio que ya  no tienen nada que ver con aquellos gallineros idílicos que se pierden  en el recuerdo5.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.9. La pérdida  del símbolo divino de la vida, es decir, la pérdida de su significado  más noble, precipita la caída del ser humano. Y la pérdida del ser  humano, a su vez, precipita la de las especies. La vida es  interdependiente, y de ahí la responsabilidad del ser humano,  personificación de la vida consciente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.10. La gradual pérdida de conciencia, provocada  por la desacralización de la vida, tiene consecuencias tan desastrosas  como la contaminación de los océanos y la polución, que no son sino  la manifestación del deterioro de nuestra noosfera biológica, cultural  y espiritual.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.11. No nos limitemos pues a una ecología  ambiental o política, al reciclaje energético, al crecimiento cero  propuesto por el Club de Roma7 y a la redistribución de los recursos  con un mínimo de equidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;4.12. Una  economía ecológica, es decir, abierta, no será posible mientras la  mente humana continúe cerrada por la codicia nuestra de cada día,  mientras no potenciemos una ecología interior y social, transpersonal,  capaz de contagiar a la humanidad con el que ha de ser el lema de la  revolución biocultural, es decir, ecológica, del siglo XXI: “EL BIEN  PROPIO Y EL AJENO SON ABSOLUTAMENTE INSEPARABLES”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;﻿5. La aventura de la sabiduría&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;﻿&lt;/strong&gt;5.1.  Para lograr una ecología creativa, capaz de orientar a la mente humana  en el sentido de esta fascinante aventura, es necesario rescatar a la  juventud de los paradigmas patriarcales, fuente de la polución  informativa del amor propio, la delincuencia, la competividad, el  gregarismo y todas las dependencias a las que la somete el mercado de  valores...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;﻿&lt;/strong&gt;5.2.  ...la educación no es privar sino dar claridad frente a lo que se nos  avecina, y observar la circunstancia del ser humano en este cruce de  caminos en el que se encuentra, entre la ciencia y la política, entre  la verdad de las cosas como son y la teología de las cosas petrificada  por las iglesias del sistema patriarcal, sean religiosas o humanistas,  teístas o no teístas, tanto en lo político como en lo moral, en lo  material como en lo espiritual. La senilidad del sistema nos condiciona.  Si no levantamos la mirada a tiempo nos estrellaremos colectivamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;5.3. La educación  ecológica, el desarrollo del espíritu de solidaridad universal, es  cosa de todos; y también lo es el cultivo de esa conciencia global a  través de los medios de comunicación y la promoción social de una  cultura comprometida con el sentido trascendental de la actividad  cotidiana, tanto en el trabajo como en el ocio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;5.4. El ser humano es un agente mutante, biocultural, cuya plena realización determinará el establecimiento del homo sapiens sapiens en nuestro planeta. La sabiduría no es un producto económico al uso. Al contrario, retrocede a medida que se exalta el éxito personal y se valora la cosa económica desde la perspectiva del lucro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;5.5. Para mejorar la imagen de un rostro en el  espejo no hay que retocar el espejo, sino el rostro. De la misma manera,  no habrá transformación positiva del mundo, “ecología exterior”, sin  “ecología interior”, sin la transformación y cultivo de la mente que  permita surgir la conciencia divina de la vida, la más bella y  apasionante historia que puede vivir el ser humano, al lado de la cual  la sublimación del músculo y la ostentación objetual resultan absurdas,  ridículas, directamente estúpidas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;6. &lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;Un complejo mortal&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:trackmoves/&gt;   &lt;w:trackformatting/&gt;   &lt;w:donotshowpropertychanges/&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt; 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El voto ecológico no  prosperará mientras vivamos bajo el paradigma de lo cuantitativo, que  valora al ser humano por la cantidad de basura que es capaz de producir.  Somos nosotros mismos, los consumidores de la vida cotidiana, los que  exigimos una permanente política de expansión económica, es decir, de  explotación de los más débiles y de productividad basada en la  extracción feroz de los recursos naturales, humanos y minerales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;2. Somos nosotros mismos, los  ciudadanos de a pie, los que condicionamos a nuestros dirigentes  políticos y no a la inversa. No condenemos pues a la tecnología, ni a  los tecnócratas, ni a los políticos, ni a los financieros, ni a la gente guapa, ni a la fea. No va por ahí la cosa. O sí, va por ahí, mostrándonos en la apariencia de cada día todos estos íconos del estado actual en el que nos encontramos tropezando con la senilidad del patriarcado que ha perdido su poder tradicional, el poder de conocer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;3. Simplemente hay que  mirar hacia adelante y encarnar la liberación del eterno pasado.  Despertar de este sueño mortal del que se alimentan los cuervos y los  cerdos de la historia, que lo tragan todo, hasta que revientan en los  infiernos. Por esto es tan necesaria la &lt;em&gt;memoria histórica.&lt;/em&gt; No es asunto de reclamar, sino de hacer, de hacer otro mundo más feliz que el "mundo feliz" de Huxley.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;4. El obstáculo, lo que  sucede, es que no nos atrevemos o no queremos contemplar un horizonte  más elevado que el de las gallinas que se atarean única y exclusivamente  en procurar su propia satisfacción. &lt;em&gt;El amor propio y gregario&lt;/em&gt;,  que está tan de moda exaltar en terapias profanas,  deportivo–competitivas y militares, es el enemigo público número uno.  Resulta sintomático que el mejor antídoto, tanto contra los complejos de  superioridad y megalomanía, como contra la depresión y la  desvalorización del “yo”, sea precisamente cultivar la &lt;em&gt;visión del “no–yo”&lt;/em&gt;,  propio y ajeno, que nos libera de esos complejos y excesos de  personalidad que nos impiden entregarnos al amor altruista, fuente de  felicidad, y cultivarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;5&lt;em&gt;. &lt;/em&gt;Todos padecemos esta enfermedad de la ignorancia que amenaza con la autodestrucción de la humanidad. &lt;em&gt;Todos deseamos el bien propio por encima de todas las cosas&lt;/em&gt;. Nuestra relación con el universo está cegada por esta obsesión que preside todos nuestros pensamientos, palabras y acciones. &lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;6&lt;em&gt;.&lt;/em&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;em&gt;El   súper-ego, el egoísmo instintivo, que fue útil en el proceso infantil   del ser humano ha dejado de serlo para dar el próximo paso biocultural,   ahora consciente, en la escala evolutiva del continuo mental que cubre   todas las etapas de la vida, filogenética y ontogenéticamente, hasta  dar  a luz, en mayor o menor medida, a la mente que, libre de miedo y   egoísmo, percibe la virtualidad de todo lo que experimenta. Asume la   vida virtual, mágica, que nos descubren las nuevas tecnologías   cibernéticas y su comunión con la mente despierta, capaz de discernir   entre las causas de felicidad y las del sufrimiento más allá de las   pasiones que suscita el tomar como real lo que no lo es.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;7. &lt;/em&gt;Pero,  hemos de admitir que aún, hoy por hoy, nos relacionamos con nuestro  entorno afectivo y económico con el único afán de autosatisfacernos.  Como contrapartida, siempre tenemos presente la posibilidad de ser  engañados. El sentido del bien propio prevalece siempre y frustra  cualquier intento de trascender más allá de esa obsesión histórica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;8.&lt;/em&gt; El amor propio es nuestro delito original. El miedo, nuestro verdugo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;9&lt;em&gt;.&lt;/em&gt; A causa  de esta obsesión egocéntrica que nos impide abrirnos, los velos  nacidos de la ilusión del "yo" oscurecen nuestro espíritu y, con él,  al mundo entero. Estamos sumidos en las tinieblas que nos impiden ver el  paraíso. Con las tenebrosas nociones de amigo y enemigo, de próximo y  lejano, desarrollamos el gregarismo, el apego, la aversión; y  acumulamos como un auténtico tesoro ancestral y patriótico la memoria  de las emociones perturbadoras con las que hemos contaminado la vida  entera. La memoria histórica no requiere confrontación sino simple  constatación de los pasos perdidos en busca de una salida, libre del  virus del egoísmo que todo lo estropea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;10&lt;em&gt;.&lt;/em&gt;  El resultado de esta  actitud interior, refrendada por la historia, es que los humanos somos  los animales más crueles y depredadores, los más “inteligentes” que hay  sobre el planeta, y nos infligimos los unos a los otros toda clase de  sufrimientos y humillaciones irracionales, aunque más propio sería  decir que estos males son específicamente “racionales”, causados por  excesos de razón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;11. Vivimos, por esa razón,  prisioneros del miedo, la culpa y la desconfianza, incapaces de crear  por nosotros mismos las condiciones y circunstancias favorables para la  felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong style="font-weight: bold;"&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;. La panacea del homo sapiens&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;1.  La panacea del homo sapiens-sapiens es abrir el espíritu, permitir que  los velos nacidos del yo se disuelvan en la inmensidad del no-yo. Para  cambiar la historia de esta Torre de Babel que se nos cae encima debemos  cambiar radicalmente nuestra actitud interior. El secreto de la  felicidad está en amar al prójimo, al menos tanto como a nosotros  mismos. Es éste un mandamiento de felicidad y sabiduría, es decir, la  medicina, la panacea para todos nuestros males.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;2. Desear el bien  de los demás no significa imponerles nuestras ideas acerca de lo que  es bueno. La experiencia histórica nos enseña, desgraciadamente, que  se cometen infamias y genocidios en nombre de ese deseo. Es necesario  cambiar de mentalidad. Querer el bien de los demás significa estar  dispuestos a convertirnos en sus servidores, en servidores de nuestra  madre, de nuestro amigo y de nuestro enemigo; a tratar a todos los seres  con ternura, porque todos aspiran a la misma felicidad suprema que  nosotros, aunque sus carencias les impidan reconocerlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;3. Les  queremos felices y libres de todo sufrimiento, cultivando las causas  para el logro de la ecuanimidad, libres de los extremos del apego y la  aversión. Sin esto, no hay libertad posible ni gozo perdurable, y la  obtención del sentido último de la vida se hace imposible, utópica, en el sentido peyorativo del término.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;4.  No se  trata pues de convertir a los otros, sino de convertirnos  nosotros, de  cambiar de actitud en la vida cotidiana, de ceder el paso y  trocar la  desventura del consumo por la generosa bienaventuranza que  resulta de  la capacidad de ayudar a los afligidos por la pobreza, la  enfermedad,  las guerras y los desastres ambientales, naturales o  provocados, y  rechazar nítidamente las causas y condiciones de la  injusticia que  segrega la causa y el efecto, haciendo invisible al  causante de todos  nuestros males. Es a través del poder de esta dichosa  y gran  sabiduría del altruismo como podremos liberarnos de la energía   negativa con la que estamos quebrantando la vida en el planeta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;5.  Es necesario realizar esta conversión, esta disposición mental, desde  lo más profundo del corazón, comprendiendo la necesidad de hacer de la  vida una aventura global, transpersonal, universal, que vaya más allá  del mundo objetual en el que pasta nuestra ignorancia, y que es la  causa de todos los venenos mentales con los que polucionamos la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;6. De la  comprensión de la necesidad y utilidad de esta actitud surge la  alegría, suprema e inconmensurable, de facilitar el camino de la vida y  la felicidad a todos los seres de nuestro ecosistema, sin los que no  podríamos desarrollar y gozar de la energía de la conciencia global,  de la sabiduría que encontramos en nuestro corazón cuando elevamos la  mirada por encima de las conveniencias y apetitos de nuestro pequeño  “yo”, asumiendo de ese modo el poder, la fuerza inmensa, transformadora,  superior a la de la energía atómica, de la solidaridad, el amor y la  compasión, que surgen espontáneamente de esta sabiduría, los  atributos por excelencia del homo sapiens sapiens, el bodhisattva, la  bodhisattvi.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8. Ya no se puede esperar más&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.1. No  renunciemos a esta inteligencia superior de la vida, a este viaje a la  plenitud y a la felicidad. Todo es interdependiente, lo uno y lo  múltiple, y por eso no podemos hacer este viaje de espaldas a los  demás seres y al ecosistema que nos da vida y que es parte de nosotros  mismos tanto como nosotros de él, al igual que el cuerpo y la mente. No  renunciemos a despertar y a levantarnos de nuestro lecho del  sufrimiento. Generemos el espíritu del homo sapiens-sapiens, del  bodhisattva decimos los budistas, y conoceremos lo que es el auténtico  placer de vivir intensamente, en paz y armonía con el universo entero.  Para ello, debemos cultivar en nosotros, familiar y colectivamente, el  deseo de que de nuestra actividad cotidiana nazca un beneficio real para  todos los seres. Debemos cultivar una conciencia global que refleje  nuestro conocimiento de la realidad interdependiente de todas las cosas y  seres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.2.Esta es la reflexión con la que debemos contemplar, a mi juicio,  el paisaje desolador producido por la historia del amor propio. La  bandera del amor a los demás es la única que puede acabar con esta  situación catastrófica, y dar paso a esa mutación necesaria, urgente.  Porque no podemos esperar más. Sabemos que las mutaciones son algo  delicado, que requieren una energía perfectamente concertada y  orientada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.3. Asistir a una mutación biocultural de este orden, es asistir a un milagro. El milagro de la vida plenamente consciente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.4. Los sabios –dice Buddha Shakyamuni– son los que cumplen el  beneficio de los otros, y llegan, por ello, a ser budas, seres  despiertos. En otras palabras, los que cumplen el beneficio de los otros  son los que alcanzan la plenitud del ser humano, y los que nos  permiten, con su generosidad, seguir albergando esperanzas. Afirma un  dicho sufí que si no existiese un santo o una santa anónimos, por cada  mil personas, ya nos habríamos autodestruido. Son estos seres  generosos los que nos entregan, si la sabemos recibir, la antorcha de la  sabiduría, la solidaridad y plenitud que significan la vida humana.  Estos sabios, revolucionarios y héroes, generalmente anónimos, nacen  del espíritu que desea el bien de los otros por encima de todas las  cosas. Ellos son el reducto, la matriz del homo sapiens-sapiens en la  Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.5. Por el contrario, los seres ordinarios, buscan, como los niños,  su propia satisfacción y beneficio, su propia felicidad por encima de  todas las cosas. Incapaces de evolucionar, de abrirse, de madurar y  enriquecerse verdaderamente, quedan de hecho en &lt;em&gt;no–natos&lt;/em&gt;, en “espíritus” seniles y enfermizos que consumen y aniquilan todo a su paso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.6. Para liberarse de los caminos del sufrimiento hay que  tener una actitud opuesta a la de los seres ordinarios. Empezar por  rechazar el “yo”, toda preocupación personal, toda intención y toda  búsqueda egocéntrica; y orientarse completa, resueltamente, hacia los  otros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I-8&lt;/strong&gt;.7. Si queremos que nuestra vida consciente y la de  nuestros hijos despegue de esta partícula de tierra destructible hacia  el cielo que lo penetra todo, liberada de los sufrimientos y  humillaciones a los que la somete día a día el juego cruel, ciego y  cínico, de los mercados libres y de los negocios, debemos proponer un  mundo solidario, un mundo de sabios y sabias, aventureros del  conocimiento que logren instaurar sobre la tierra el reino del homo  sapiens-sapiens, en el que aún habrá dolor, pero sólo sufrimiento  físico, ya no principalmente mental, espiritual e incluso existencial,  pues sabremos cómo transformarlo, cómo proceder a la alquimia del  sufrimiento convirtiéndolo en combustible de la dicha y la felicidad  para todos.(De eso trata LOD-JONG, la transformación mental de la que hablaremos más adelante).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II) &lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;LA REVOLUCIÓN INTERIOR&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1 El milagro de la vida&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;.1. Esto requiere una mutación biocultural que, por exigencia de su propia naturaleza, debe ser consciente. La primera mutación consciente que se da en el proceso de la evolución natural.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1.2&lt;/strong&gt;. Asistir a una mutación de este orden es asistir a un milagro.  Pero, ¿acaso la vida no es un milagro? El hombre y la mujer  “sobrerracionales”, el &lt;em&gt;homo sapiens- sapiens&lt;/em&gt;, viven  permanentemente en presencia del milagro de la vida, maravillados y  felices ante el prodigio que abre la flor cerrada de nuestros corazones a  medida que se rebela la &lt;em&gt;sabiduría trascendental y transpersonal,&lt;/em&gt;  con la que emerge la sabiduría del amor y la compasión, no  conmiseración, y eclosiona la perspectiva de la sabiduría libre de  creencias, pero maravillada por la evidencia de la armonía que surge en  nuestros corazones cuando se experimenta el milagro de la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1.&lt;/strong&gt;3   ¿No son acaso milagros las mutaciones que hacen posible que  la vida  emerja de las aguas, porque se ha generado una atmósfera, un  ambiente  propicio, protegido por el filtro de la capa de ozono sin la  que no  hubiéramos podido salir de este vientre oceánico? ¿Y no es un  milagro  la génesis y nacimiento de un bebé que reproduce  trópicamente,  ontogenéticamente, todo el proceso de la vida, desde la  implosión y  expansión de los universos, hasta “el romper aguas” en  el vientre de su  madre y emerger a la superficie?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;.4.  Pero, por desgracia, el maravilloso espectáculo de la vida que nace de  cara al cielo desaparecerá de nuestro planeta si no concluimos la  mutación, la instauración del homo sapiens-sapiens, flor divina que  nace del encuentro del cielo y la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;5. Podemos crear la atmósfera favorable que  necesitamos. Podemos hacerlo a través de la energía del amor oceánico  que nace del corazón y que busca la felicidad de todos los seres, del  que surge la capa de ozono protector de la compasión todopoderosa, el  deseo ardiente de que los seres dejen de sufrir y, sobre todo, de poner  causas de más sufrimiento.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;6. ¿Es esto una utopía, un imposible? No lo creo así. Tenemos un  precedente diario, un asunto pendiente que todos los días reclama  nuestra atención. Si no estuviésemos tan preocupados con nosotros  mismos, en lugar de la prensa vendida al capital podríamos leer en el  libro abierto de la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;7. Veamos una pequeña historia conmovedora, el relato de una  necesidad: un bebé llora. Su madre lo acaricia, regulando así su  metabolismo. Lo mismo hace una gata cuando lame a su gatito. La gata  ronronea. La madre, además, pronuncia algunas palabras, una nana.  Finalmente, la madre le canta al bebé desde lejos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;8.  El niño asocia la palabra con el tacto, la caricia que regula su  metabolismo, deja de llorar. El poder de la palabra que no engaña,  ¡milagro!, la palabra ha sustituido al tacto. Es la energía del amor  puro –del amar al otro más que a uno mismo– la que lleva a cabo esta  mutación fantástica, maravillosa, que hace que el niño regule su  metabolismo por medio de la palabra, pasando en ese preciso momento de  la esfera del tacto a la de la palabra, de la esfera del mamífero a la  del ser humano, de la prehistoria a la historia, del matriarcado al  patriarcado, que lamentablemente parece empeñado en estropear esta  bella historia de amor, en impedir un final feliz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;9. Todavía no hemos dado el paso hacia el final feliz. El paso que  destaca al homo sapiens-sapiens del homo faber, el paso que separa a la  metahistoria, a la realización plena del ser humano, de las vicisitudes  brutales de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;10. Lo mismo que un bebé transita del tacto a la palabra  de la mano de su madre, el ser humano puede transitar de la palabra al  espíritu sobrerracional de la mano de la caricia del conocimiento, la  sabiduría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;11. Esto es lo que simboliza el dorje y la campana en  el budismo tántrico. El Buddha primordial, el espíritu de la  sabiduría que habita en el corazón de cada uno de nosotros, se  simboliza con una campana    – que representa el aspecto femenino,  sabiduría solar del amor, en la mano izquierda– y un dorje o vajra  (algo parecido al rayo de Júpiter) –aspecto masculino, método lunar de  la compasión, en la mano derecha–, entrecruzados sobre el corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;12. Sabiduría y método, amor y compasión, ying y yang, el aspecto  femenino y el masculino copulando la felicidad de la que surgen los  medios hábiles de la solidaridad, constituyen la fuente de la  ecuanimidad de la que surgirá esta mutación que ha de cambiar la faz  de la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;13. Sea como sea, si no podemos cambiar al mundo, si podemos cambiar  nosotros y acceder a un mundo mejor, a un modo de existencias más  satisfactorio y feliz, preámbulo de la plenitud humana y la  liberación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;14. (Sobre este tema de la Revolución Real y de un  Tercer Frente de Liberación Universal significado por el filiarcado  ecuánime que trasciende la parcialidad del matriarcado prehistórico y  el patriarcado histórico que se inicia con el neolítico. (Sobre esto  en definitiva trata esta publicación abierta, totalmente libre de  cualquier sentido de propiedad sea en el espacio o en el tiempo).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;15. En todo caso, este milagro de la vida humana ha sido  posible gracias a la energía del amor justamente personificado por la  madre. El amor que trasciende al “yo”, el amor que quiere al otro m{s  que a sí mismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;1&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;16. A la compasión, al método, le corresponde ahora darle satisfacción en lugar de continuar adulterándolo con el patriarcado religioso, social y político con la que se ha escrito la historia hasta el día de hoy, y que ahora ya amenaza con sumergirnos en la infrahistoria que anuncian los antropoides maquillados, el retorno a los orígenes más oscuros. Ese es el horizonte que nos ofrece la actual cultura tecnosalvaje a la que llaman progreso en lugar de regreso a la animalidad pura y dura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt; La última oportunidad&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;1.  Querer a los demás más que a nosotros mismos es la manifestación de la energía universal que nos conduce al umbral de una nueva dimensión de la conciencia, que prosigue su viaje en pos de la plenitud, de la felicidad que no se pierde. No hay duda de que esta conciencia “sobrerracional”, realmente divina, opuesta a la conciencia vulgar que sólo mira por uno mismo, logrará alcanzar ese objetivo; y si no puede hacerlo en tierra, lo hará en otro planeta que reúna mejores condiciones, pues la verdad es que vivimos en una situación límite, sumidos en una  cultura tecnosalvaje, egocéntrica, en la que las madres matan a los hijos en sus vientres. (Y no me refiero ahora a ello como un asunto moral, sino como a un fenómeno histórico que merece reflexión)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;2. La mutación de la que nace el  homo sapienssapiens surge precisamente de la matriz del amor y la compasión  infinitos. Significa la cristalización de una nueva dimensión mental que parte del reconocimiento de que el amor de las madres es el paradigma cierto del amor universal, cuna de la sabiduría que hace de la vida algo realmente trascendental y gozoso, y no un cubo de basura en el que arrojar a nuestros hijos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;3. No hay que olvidar que hemos nacido del amor, pero no con el amor. Es algo evidente. Y también que estamos a mitad de camino. Basta mirar a nuestro alrededor. Parece que el padre, al menos de momento, ha fallado. La sabiduría de la que nace el amor abnegado, fuente de felicidad para todos, la sabiduría solar, el aspecto femenino del ser humano, ha sido reprimida y relegada por el patriarcado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;4 Es la desorientación, el declinar de la estrella de Oriente que había guiado nuestros primeros pasos, el olvido del amor que se orienta completa y resueltamente en el sentido del beneficio del otro, que se esfuerza verdaderamente por cumplir la felicidad de los demás. Es necesario  volver a desarrollar esta actitud femenina, conseguir que surja espontáneamente en nosotros y vaya fortaleciéndose.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;5 Sólo así lograremos que la madre y el padre que habitan en cada uno de nosotros, Oriente y Occidente, ying y yang, alumbren la nueva dimensión del ser, el “ser consciente”,  motivo por el que esta vida puede considerarse realmente preciosa, inviolable y sagrada, en el sentido de que constituye la oportunidad de realizar la última y mayor mutación, la realización plena de nuestro potencial iluminado por la semilla de la sabiduría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;6. Sólo así podremos devolver a nuestras madres  este amor infinito con el que nos han criado y soportado a través de  tantos siglos de ingratitud infantil. De ingratitud hoy senil que  amenaza con acabar con la madre Tierra que nos ha cobijado hasta ahora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;2.&lt;/strong&gt;7. Si no se reconoce el sufrimiento no se puede  evitar y si no hay agradecimiento, no hay felicidad auténtica, no hay  sabiduría. No se trata de hacer un sacrificio, sino todo lo contrario.  Se trata de liberarnos de las causas de nuestro sufrimiento y de  recuperar nuestro potencial de felicidad. Se trata de volver a los  brazos de nuestra madre y reconciliarnos con ella, reconocer su  divinidad en lugar de continuar humillándola.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;Reconocimiento del error. Nuestra gran ofrenda.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;1  El camino de la libertad y de la armonía, la ley suprema del universo  que procura la salud integral, el equilibrio del cuerpo y del espíritu o  mente, debe informar todo movimiento ecologista que se pretenda serio.  Y, para hacerlo factible, ha de empezar con la generosa ofrenda del  reconocimiento de nuestro error. No permitamos que el amor propio  triunfe de nuevo. Hagamos la ofrenda del reconocimiento de nuestra  confusión, de nuestra fijación obsesiva en nosotros mismos y en el  provecho propio, causa de la continua insatisfacción con la que  castigamos a nuestro entorno, a nuestra madre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;2 Todos los obstáculos serán superados si  desaparece la fijación dualista, la obsesión por uno mismo. Porque  todos los miedos, todas las conceptualizaciones y todas las  interferencias nacen de esta fijación que no es sino una proyección  mental, un concepto que nace del espíritu ensimismado, tal como un  sueño en la noche, una pesadilla que tomamos por “la realidad”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;3 Si queremos despertar de este mal sueño hemos  de hacer la ofrenda de ese concepto del “yo”, de esa fijación egoísta  que nos separa de lo otro, de los otros, de la vida plenamente  consciente, global, de la naturaleza y de la felicidad. Hagamos la  ofrenda de esa ilusión, de esa confusión de creernos separados de los  otros, que es la causa de todos nuestros sufrimientos, el gran error con  el que lo contaminamos todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;4 Nada es estable. O se produce esta nueva mutación, el paso del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt;homo faber&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; al &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt;homo sapiens-sapiens&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; en el orden negantrópico, o se habrá terminado la aventura humana sobre la tierra, y volveremos a caer en la noche oscura de los antropoides.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;5 Esta noche es hoy la selva tecnológica, cada  vez más cruel, en la que incluso las madres van a desaparecer  sustituidas por los tubos de ensayo; y con las madres la posibilidad de  que se realice la mutación del amor. La mutación del amor propio en  amor universal, en amor a los demás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;6 La existencia humana es breve, pero  preciosa, porque nos da la oportunidad de realizar esta mutación. Hay  muchos seres anónimos que logran realizarla, pero no los suficientes  como para salvar la vida de este planeta, de este trampolín desde el  que saltar a la eternidad.    Por esto, si salvamos la vida consciente  en nuestro planeta, no solamente evitaremos que desaparezcan a destiempo  su flora y fauna, sino que permitiremos que muchos otros seres puedan  utilizar este camino de la flor de loto en su viaje hacia la felicidad  que no muere.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;7 Este es el único propósito de la  enseñanza de Buddha, una visión no-teísta, libre de toda creencia  dogmática o artículo de fe, basada en la contemplación de la  interdependencia o mutua dependencia de todos los fenómenos, el yo  incluido&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;8 Este ahí que sea exponente paradigmático de la solidaridad y del principio que debiera figurar como máxima revolucionaria en todos los tratados y sistemas económicos: EL BENEFICIO PROPIO Y EL AJENO SON INSEPARABLES.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;9 Una pura observación de la realidad que nos  libera de la experiencia errónea del yo y da sentido y responsabilidad a  la vida de cada uno, haciéndonos artífices de nuestro futuro  individual y colectivo, dando perspectiva no gregaria a la vida familiar  y tribal, impulsando la aventura lúdica de la juventud a una meta  superior y plenamente satisfactoria, basada en la participación activa  de la solidaridad universal, hoy apuntada por las ONGs.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;10 Eso de la riqueza y la acumulación individual o familiar y del lucro personal es una soberana estupidez. Hay que acabar con esa fuente de ignorancia y codicia, propia de los paletos tecnosalvajes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;11 La revolución biocultural es la única revolución real, tan necesaria como posible.&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;12 La revolución biocultural, en la que ya  estamos inmersos aunque aún no somos conscientes de ello, abre las  perspectivas de una nueva cultura universal y libre, científica y  espiritual, nacida de la convergencia de Oriente y Occidente, hasta  ahora considerada imposible.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;13 Este nivel de comprensión, aparentemente, sólo ha sido logrado por el budismo y, quizás, en el enfoque de la nueva física y la nueva ciencia surgidas de la contemplación de la relatividad, pero no se encuentra equivalente explícito en ninguna otra filosofía, religión o teoría, a no ser con carácter meramente voluntarista aunque ciego, sin referencia a la necesaria transformación interior que todo ello implica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;14 Precisamente, la contemplación de la realidad sin tapujos que propone el budismo nos da la luz que ha de guiar nuestros pasos a la consecución de una sociedad solidaria que esté al servicio del individuo universal, sobrerracional, libre de la miopía del egocentrismo imperante en los monoteísmos antropocéntricos y los dogmas materialistas que despojan al ser humano de una posible vida trascendental, plena de significado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;15 El historiador inglés, Arnold Toynbee, llegó a  predecir que “el encuentro del budismo con la civilización occidental  va a constituir la revolución cultural más decisiva que ha conocido la  humanidad desde el Neolítico. Por mi parte, estoy plenamente  convencido de ello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;3.&lt;/strong&gt;16 Pero la noche que vive actualmente  la cultura humana es densa y peligrosa. Para que esta revolución de la  vida ascendente sea real, hay que aunar esfuerzos y entusiasmo, más  allá de los resultados inmediatos que, eso sí, pueden hacerse  efectivos en el individuo que los actualiza. En este esfuerzo común por  despejar las tinieblas que cubren el camino de pasos perdidos, todos  hemos de colaborar, consciente y activamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt; El encuentro del budismo y de la nueva ciencia&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;1 El encuentro del budismo y la nueva ciencia  augura un nuevo entendimiento de la realidad que conlleva el  derrumbamiento de las certidumbres racionalistas de la cultura  occidental, aún en boga, que pretenden un conocimiento exclusivamente  objetivo, casi objetual, del universo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;2 El reconocimiento experimental de  la ciencia del hecho de que la energía no formal es la que estructura  formalmente la materia, significa el hito de este gran encuentro  histórico. Oriente y Occidente confirman el aforismo que el mítico  libro de las mutaciones, el I Ching, formuló hace m{s de tres mil  años: “Llega lo blando y da forma a lo firme; lo firme se eleva y da  forma a lo blando”...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;3 ...Basta contemplar el curso de un  río y observar cómo se abre su cauce. La revolución biocultural se  abre paso pacíficamente a través de la crisis medioambiental y mental  en la que nos encontramos inmersos. Constituye su salida natural que  podemos tildar de sobrenatural.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;4 Como he señalado, es importante recalcarlo,  pues el budismo, en contra de lo que se propaga, no es un sistema  religioso de creencias, sino una epistemología irrebatible, una teoría  del conocimiento realmente válida que está al alcance de todos cuando  más la necesitamos, que llega ahora hasta nosotros tal como la capa de  ozono, que filtró los rayos ultravioleta del sol, permitió la  producción del oxigeno que ha dado vida a los mares, a la tierra y a la  biosfera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;5 El encuentro del viejo Oriente con el  nuevo Occidente empezó a cristalizar con el descubrimiento de la  teoría de la relatividad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;6 En definitiva, la muralla del mundo cartesiano –  tal como la de Berlín– se derrumba, y ello nos permite acceder a la  visión no dual de la realidad en la que el sol y la luna, Oriente y  Occidente, espíritu y ciencia, transparentan su mismidad. Depende de  cómo la miremos, la luz es un flujo de partículas o una onda. Y lo  mismo sucede con todos los fenómenos “reales” que son del color del  cristal con que los miramos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;7 Dado que los postulados metodológicos del  budismo y los de la ciencia actual presentan similitudes evidentes,  podríamos concluir que el budismo es una ciencia. Pero esto limitaría  el alcance del budismo, salvo que lo viéramos como “una ciencia de las  ciencias”, una teoría del conocimiento -bien experimentada y  verificada- capaz de conferir definitivamente a las ciencias profanas  una finalidad y un sentido universal, comprensible y verificable, tanto  exterior como interiormente, al margen de las tentaciones sincretistas  de un nuevo materialismo espiritual que podría abortar esta  recuperación de la vida trascendental sobre nuestro planeta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;8 Los modelos clásicos se han derrumbado y en su  lugar emerge algo inimaginado por la ciencia, la filosofía y las  religiones monoteístas hasta el día de hoy, algo que va a variar  nuestra percepción del universo y nuestra actitud ante la vida, y  también ante la muerte.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;9 La estrella de Oriente alumbrada por  Buddha nos aporta una visión circular, global y holística de la  realidad, que tiene siempre presente la totalidad no dual. Esta visión  es muy similar a la que percibe la nueva física.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;4.&lt;/strong&gt;10 Los elementos contrarios, energía y materia,  alma y cuerpo, son complementarios, es decir, necesariamente  simultáneos e inseparables. La nueva física confirma hoy  experimentalmente el camino medio o Madhyamaka, la doctrina Mahayana del  budismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt; La nueva edad&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;1   El origen de todos nuestros males es cultural, y la savia de toda  cultura la constituye el espíritu que la impulsa. Advirtamos que el  “ser” o “no ser” que triunfa en nuestros días, con toda su parafernalia  publicitaria, es el cáncer de nuestro tiempo, el gran enemigo de la  humanidad. El amor propio en manos de los mercaderes que lo multiplican  como los panes y los peces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;2 Debemos tener muy claro que el beneficio  individual y colectivo es inseparable. Tal como nos dice la lógica  budista, el “ser” y el “no ser” son inseparables. Se hace urgente una  profunda reflexión cultural, una vuelta crítica al pensamiento  socrático y al proceso de la información abordada desde la visión de  la interdependencia y consecuente vacuidad que los científicos y los  místicos budistas han abordado desde ángulos distintos, pero que  coinciden en su centro cuando son reflejados por la bondad global del  conocimiento profundo que surge de este nuevo mandala en el firmamento  de la humanidad, en el que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" class="fbUnderline" &gt;ciencia y espíritu van unidos&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;.&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;3 Es desde este sentimiento y orientación que los teístas, no teístas y ateos, estamos haciendo lo mismo: aspirar a la felicidad, a la verdad, y desear lo mejor para nuestros hijos con el deseo de evitar las causas del sufrimiento y cultivar las del bienestar y la felicidad para todos. Y, para que esto sea posible, hay que alejarse de toda conceptualización dogmática y aceptar la&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt; ley del doble beneficio, pues el bien propio y el ajeno son inseparables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;4 &lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;La &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;ley del doble beneficio&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:130%;" &gt;, esta es la revelación del conocimiento poético, científico y religioso, en el que coinciden todos los sabios de corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;5 A los escépticos, he de decirles que todo  indicio es prueba suficiente para continuar investigando en la línea  que nos sugiere este nuevo conocimiento global que sintetiza el  encuentro de Oriente con Occidente. Sería poco serio por nuestra parte,  incluso retrógrado, no tenerlo en cuenta e insistir en la &lt;em&gt;carrera tecnosalvaje &lt;/em&gt;que nos está arruinando como pueblo y como personas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;6 Pero quizá, una vez más, perdamos esta oportunidad que se nos brinda para solidarizarnos y participar activamente en el cultivo de la vocación universal del ser humano, sumándonos así con nuestra inercia a la energía negativa de esta parte de Occidente, pragmática y utilitarista, y definitivamente tan criminal como estúpida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;7 Por no querer reconocer este hecho patente, en  el que todos estamos implicados, por acción o por omisión, presos de  nuestro proverbial complejo de superioridad occidental –propio de los  pueblos tecnosalvajes que arrollan todo lo que encuentran a su paso al  ritmo del consumo– caemos en la arrogancia y la indiferencia que  aniquila lo que no es “yo”; de ahí el estrés que provoca las  enfermedades y desequilibrios propios del “desarrollo” occidental que  contamina ya al resto del planeta: la esquizofrenia individual y la  paranoia colectiva, clínica y política, con la que hemos devastado dos  veces a Europa en menos de cincuenta años, por no decir al mundo  entero, de Norte a Sur; arrojado la bomba atómica y agujereado nuestra  atmósfera, mental y biofísica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;8 Por el contrario, el gesto de primar el  carácter universal de la cultura por encima de todo presupuesto social,  significaría la mayor transformación de la calidad de vida que haya  conocido hasta ahora la humanidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;9    Significaría    una    revolución    biocultural, económica y social, afín a la automoción y a la informática, que beneficiaría a nuestro ecosistema y a nuestros hijos e hijas con la conciencia de la plenitud humana, solidaria y universal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;10 Pero, tengámoslo claro, no  puede haber auténtica revolución exterior sin revolución interior, es  decir, sin ideales, sin los ideales del despertar efectivo de la  inteligencia que contempla los beneficios de la felicidad para todos, lo  que en el lenguaje budista se denomina bodhichitta. De otro modo, la  revolución seria sólo aparente y no serviría más que para satisfacer  los estómagos insaciables, físicos y mentales, de los unos en  detrimento de los otros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;11 &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt;Estamos asistiendo al nacimiento de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong style="font-style: italic;"&gt;&lt;span class="fbUnderline"&gt;un nuevo ser humano&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:130%;" &gt; que deja atrás los rudimentos del patriarcado, un ser que se diferencia de los hombre racionales tanto  como estos se diferenciaron progresivamente de los animales  irracionales. Una nueva edad del ser humano que trasciende su  animalidad, cuya aventuras real es la del conocimiento y no ya la mera  subsistencia. Nos sobran medios materiales para ello. Sólo falta la  voluntad política de dar este salto mutacional que abre paso a una  nueva especie de seres, fundamentalmente solidarios y lúdicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;12 Por eso, esta es una revolución  biocultural, una revolución global del ser humano, interior y exterior,  una revolución real que empieza por la transformación de uno mismo,  como se plantea en los ejercicios mentales de Lod-jong, la  transformación interior propuesta por los seres despiertos para poder  iniciar este viaje, este despegue del lecho del sufrimiento al que nos  condenan los sistemas patriarcales que nos roban incluso el futuro,  clavándonos con los alfileres de los mercados libres en el álbum de la  ignominia de la productividad tecnosalvaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;13 Esta es la aventura maravillosa para la que  hemos nacido. Este es el signo de nuestro tiempo: el nacimiento de un  nuevo ser, libre y solidario, capaz de hacer de la vida una aventura  realmente trascendental, más allá de las limitaciones materialistas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;5.&lt;/strong&gt;14 Hemos de dejar de identificarnos con los  animales más o menos racionales. Un recién nacido humano es superior a  un tiburón adulto. Así, aunque aún débiles, nos hemos de reconocer  nosotros mismos, hijos de la sabiduría, el amor y la compasión,  cualidades espontáneas propias de nuestra naturaleza despierta que ha  inspirado la vida oculta hasta el día de hoy, que nos ha sido  trasmitida a través de los milenios por medio de lo que podríamos  denominar filosofía perennis o tradición espiritual, no necesariamente  religiosa, vehículo del aliento de felicidad auténtica que siempre ha  llenado de esperanza la vida der los seres humanos, y la de todos los seres animados, pues todos buscan por igual la felicidad o el bien estar, también los gusanos. Prueba de que siempre ha estado &lt;em&gt;&lt;span class="fbUnderline"&gt;&lt;strong&gt;sensiblemente presente&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; a lo largo de toda la evolución&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt; La inspiración de la sabiduría que nos hace libres:&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;1&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;Esto  es lo que he aprendido de mis maestros, y lo repetiré insaciablemente  en contra de los intereses creados por la codicia humana sistematizada y  justificada por el materialismo espiritual y el histórico, entre los  que nos han emparedado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;2 Hemos de derribar estos muros de la ignorancia  imperante. Y, para ello, que nadie lo dude, hemos de empezar por  nosotros mismos, hemos de empezar por levantar la mirada más allá de  nuestro ombligo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;3 No es necesario ser profeta para  percibir con claridad que caminamos hacia un final trágico. Pero esto  podría cambiarse, podríamos situarnos en un nuevo punto de partida  feliz si escuchásemos la voz de los sabios y analizásemos seriamente  su mensaje, en lugar de tildarlos de exóticos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;II-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6.&lt;/strong&gt;4 Señala S.S. el Dalai Lama en el texto titulado:  Aproximación humana a la paz del mundo; “De alguna manera, el progreso  y desarrollo de nuestras sociedades sigue un camino erróneo. Si no lo  atajamos a tiempo las consecuencias para el futuro de la humanidad van a  ser desastrosas. No me pronuncio en absoluto en contra de la ciencia y  de la tecnología; su contribución a la experiencia global del género  humano ha sido considerable. Pero si le damos una importancia excesiva,  desproporcionada, nos arriesgamos a perder contacto con esos aspectos  del conocimiento y la comprensión humana que se orientan hacia la  honestidad y el altruismo. Aun siendo capaces de crear una comodidad  material inconmensurable, la ciencia y la tecnología no pueden  reemplazar los valores espirituales y humanitarios”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;5 Es necesario, pues, buscar un equilibrio entre el desarrollo material y los valores espirituales y humanos. Y esta importante transformación sólo será posible si revitalizamos los valores humanos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;6  Este es el propósito de los ejercicios de transformación mental  -Lod-Jong-, punto de partida para esta revolución transpersonal que  afecta tanto al continente como al contenido que le da forma, tanto a la  sociedad como al individuo que la inspira.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;7  He señalado ya que el encuentro de la cultura occidental - y su  espectacular desarrollo material- con el budismo, va a propiciar la  revolución biocultural más grande acaecida desde el neolítico,  supongo que apoyados en la actual revolución tecnológica,  especialmente de los medios de comunicación, la informática, la  cibernética y la física cuántica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;8  Los ecologistas, los ateos, los humanistas, los científicos, los  filósofos, los políticos y todos los que enarbolen la bandera de la  inseparabilidad de lo uno y lo múltiple, que proclama que el bien  propio y el ajeno son inseparables, que priman al bien común como  paradigma de la dignidad humana, encontrarán en la enseñanza budista  una orientación global, libre de dogmas y creencias, basada en la  observación verificable de la realidad, que nos libera de los complejos  egoicos que hoy masacran el mundo y limitan nuestra sensibilidad,  percepciones e inteligencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;9  Llevar a cabo este cambio radical de la vida que se pierde en vida que  se gana, en vida plenamente consciente, es labor de todos. Viejos y  jóvenes, ricos y pobres, todos estamos al borde del abismo. Lo que hoy  cultivemos será lo que mañana o en la próxima vida recogeremos. No  hay escapatoria.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;&lt;span class="fbUnderline"  style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;10 El individuo es el universo de la sociedad, y no viceversa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;11  La sociedad, es la matriz que se organiza para darle satisfacción  vital y trascendental, responsabilidad y libertad, no para aborregarlo y  convertirlo en un animal de trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;12  Hay que romper el sistema para que la nueva especie humana de seres  sobrerracionales pueda reinar en la tierra y dar lugar al homo  sapiens-sapiens, al bodhisattva que, como se apunta en el Sutra del  Diamante, ha de ser resuelto en sus actitudes y decidido a liberar a  todos. Esto supone una revolución interior, una mutación consciente  -la primera que se da en la escala evolutiva- que se realiza por medio  de las técnicas de transformación mental que rompen los moldes de la  ignorancia egocéntrica que justifica el egoísmo y la codicia, la  frustración y el engaño, la crueldad y la injusticia que asolan al  mundo nuestro de cada día al tomar como modelo social, económico y  político, las pautas que rigen al reino animal, demasiado estrechas y  estúpidas para el nuevo ser humano, siempre joven, que se anuncia ya  entre nosotros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;             &lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */ @font-face  {font-family:Times;  panose-1:2 0 5 0 0 0 0 0 0 0;  mso-font-charset:0;  mso-generic-font-family:auto;  mso-font-pitch:variable;  mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;} @font-face  {font-family:"ＭＳ 明朝";  panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0;  mso-font-charset:128;  mso-generic-font-family:roman;  mso-font-format:other;  mso-font-pitch:fixed;  mso-font-signature:1 134676480 16 0 131072 0;} @font-face  {font-family:"ＭＳ 明朝";  panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0;  mso-font-charset:128;  mso-generic-font-family:roman;  mso-font-format:other;  mso-font-pitch:fixed;  mso-font-signature:1 134676480 16 0 131072 0;} @font-face  {font-family:Cambria;  panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;  mso-font-charset:0;  mso-generic-font-family:auto;  mso-font-pitch:variable;  mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}  /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal  {mso-style-unhide:no;  mso-style-qformat:yes;  mso-style-parent:"";  margin:0cm;  margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:12.0pt;  font-family:Cambria;  mso-ascii-font-family:Cambria;  mso-ascii-theme-font:minor-latin;  mso-fareast-font-family:"ＭＳ 明朝";  mso-fareast-theme-font:minor-fareast;  mso-hansi-font-family:Cambria;  mso-hansi-theme-font:minor-latin;  mso-bidi-font-family:"Times New Roman";  mso-bidi-theme-font:minor-bidi;} p  {mso-style-noshow:yes;  mso-style-priority:99;  mso-margin-top-alt:auto;  margin-right:0cm;  mso-margin-bottom-alt:auto;  margin-left:0cm;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:Times;  mso-fareast-font-family:"ＭＳ 明朝";  mso-fareast-theme-font:minor-fareast;  mso-bidi-font-family:"Times New Roman";} .MsoChpDefault  {mso-style-type:export-only;  mso-default-props:yes;  font-family:Cambria;  mso-ascii-font-family:Cambria;  mso-ascii-theme-font:minor-latin;  mso-fareast-font-family:"ＭＳ 明朝";  mso-fareast-theme-font:minor-fareast;  mso-hansi-font-family:Cambria;  mso-hansi-theme-font:minor-latin;  mso-bidi-font-family:"Times New Roman";  mso-bidi-theme-font:minor-bidi;} @page WordSection1  {size:612.0pt 792.0pt;  margin:72.0pt 90.0pt 72.0pt 90.0pt;  mso-header-margin:36.0pt;  mso-footer-margin:36.0pt;  mso-paper-source:0;} div.WordSection1  {page:WordSection1;} --&gt; &lt;/style&gt;     &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Hemos de derribar estos muros de la ignorancia imperante. Y, para ello, que nadie lo dude, hemos de empezar por nosotros mismos, hemos de empezar por levantar la mirada más allá de nuestro ombligo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;6&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;13  No podemos cambiar al mundo en un santiamén, pero si podemos cambiar  nosotros con el propósito de crear un nuevo mundo que favorezca la  plenitud del ser humano que lo trasciende. Es una aventura, quizás a  largo plazo, pero de efectos inmediatos en quién la asume vitalmente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;7) Ciencia, Espíritu y Revolución&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;1  No   existen   sociedades   libres   ahí   donde   no   se   encuentren    individuos   que   puedan   ejercer   el   libre   albedrío.    Cuando   la   sociedad   se   vuelve   obsoleta,   se   pierde  la   libertad  y  responsabilidad  que  la  trasciende.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;2&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; Esta   interdependencia   individuo-sociedad,   de   lo   uno   y   de   lo   múltiple,   expresa   la   cualidad   suprema,   original,  del  ser  universal:  su  naturaleza  no  dual,  tal  como   los   distintos   rayos   del   sol   que   se   perciben   múltiples   aunque   permanezcan   indiferenciados,   expansión   difusa   de  la  luz  y  del  calor  solar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;3  Cuando   la   percepción   cualitativa   de   la   ciencia   griega   original   cede   su   lugar   a   una   descripción   cuantitativa   de   los   fenómenos,   nace   la   ciencia   moderna   marcada   por   su   antagonismo   con   la   iglesia   que   -no   hay   nada   más   cercano   que   dos   enemigos-   le   inocula   su   obsesión   por   lo   uno   y   el   protagonismo   de   lo   singular,   ajeno   a   la   interdependencia   universal   que   todo   lo   iguala,   y   se   produce   ese   vuelco   histórico   por   el   que   el   hombre universal   que   apuntaba   la   antigüedad   cede   su   lugar   al   hombre  social,  residual,  intrascendente  de  la  actualidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;4  Pasamos   del   idealismo   eternalista   al   nihilismo   del   que    nace   el   materialismo   histórico   y   el   pragmatismo   profano.    Ambos   extremos,   el   idealismo   eternalista   y   el   nihilismo,    han   esclavizado   a   la   humanidad   con   su   dogmatismo.   La    ley   del   péndulo   se   convirtió   en   una   guadaña   mortal,    fuente   de   innumerables   sufrimientos   para   la   humanidad.   A    salvo   de   esta   dualidad   quedan   algunos   profetas   y   sabios    de   la antigüedad,   como   Jesucristo   o   Sócrates,   y   los    que   han   seguido   su   ejemplo   ofreciendo  su  vida  al   servicio  de  los  demás,  sin  torturar  ni   matar   a   nadie,    masacrar   ni   apropiarse   de   los   bienes   ajenos.   Pero,   por    su   parte,   sus   sucesores   institucionales,   erigidos   en    iglesia,   los   pueblos   elegidos   y   los   detentores   de  la   verdad  única,  hayan  sido  de  la  tradición  monoteísta   o    materialista   que   sea,   han   sido   una   plaga   para   la    humanidad,   y   siguen   siendo   una   maldición,   fuente    histórica   de   los   integrismos   genocidas,   la   mayor   plaga bíblica  que  ha  sufrido  la  humanidad  a  través  de  todos  los  tiempos  presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;5 &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La  cultura  de  Occidente,  que  surge  de  esta  lucha   estéril   entre   el   ser   y   el   no-­‐‑ser,   entre   el   dogmatismo   religioso   y   el   materialista,      puede   considerarse,   en   muchos  aspectos,  una  cultura  residual,  acabada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;6  El   desencanto   por   los   ideales   por   los   que   han   muerto    heroicamente   millones   de   seres   es   patente.   Ya   no   se    cree   que   los   cambios   radicales   sean   posibles.   En    realidad,  ya  no  se  cree  en  nada  que  no  sea  lo  inmediato.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;7&lt;span&gt; &lt;/span&gt;Quizás,    Dios   inexistente   ha   muerto   o   no,   pero   lo   que   es    seguro      que   ha   muerto   son   los   ideales,   el   espejo    divino  de  la  humanidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;8     La   cualidad   ha   sido   definitivamente   sustituida   por   la    cantidad. Expresiones como "sociedad de la abundancia o del consumo",  lo corroboran. Es  el  resultado   de  quererlo  acumular  y  medir     todo.  Y  cuando  el  espíritu   dogmático,   sea   religioso   o    profano,   se   decanta   por   lo   tópico   en   detrimento   de   lo    utópico,   y   lo   individual   es aplastado   por   lo    colectivo,   ignorando   los   derechos   universales  del  individuo,   y  paradójicamente,  el  beneficio   propio,    gregario  o  privado,   se  encumbra  en  los  altares,  y   la   libertad,   la   iniciativa    y   los   derechos   humanos   son   vilmente   pisoteados   por   los    asuntos   espurios,   organizativos,   económicos   y   suntuarios.    La   tradición   perenne,   vehículo   del   puro   anhelo   de    felicidad   con   el   que   nacemos   todos   los   seres,   es    humillada   desde   la   misma   cuna   por   el   patriarcado    histórico,   y   perdemos   contacto   con   el   alma   de   la    vida,   con   el   punto   de   referencia   que   evita  el  caos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;9 El  materialismo  galopante,  religioso  y  social,  que   lo   impregna   todo,   significa   el   triunfo   de   la   &lt;em&gt;ratio&lt;/em&gt;,    de   la   medida   enajenada   de   su   relatividad,   el   imperio    de   la   cantidad   que   da   lugar   al   progreso   de   lo    múltiple,   a   la   república   de   los   mercaderes   sin   alma   o    anónimos   - es   lo   mismo -  que  hay  que  expulsar  del  templo   de  la  vida.  Es  la   dispersión,   la   huida   hacia   delante    en   nombre   de   la inmediatez,   el   realismo   de   la    anti-utopía   que   nos   ha   llevado  a  confundir  la  vida  con  la   bolsa  de  la  compra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;10  El   estado   del   mundo,   desde   la   perspectiva   mental,  es   lamentable.  Se  busca  la  felicidad  en  lo  efímero,   se   vive    para   abrirse   paso   en   el   mundo,   este   es   el   consejo   de    nuestros   padres,   y   no   a   través   del   mundo,   como   nos    sugieren   las   tradiciones   espirituales   desvirtuadas,    desgraciadamente,   por   las   mismas   organizaciones   religiosas    que   las   detentan   oficialmente,   sean   del   sistema   de   creencias  que  sea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;11  Nuestra  cultura,  es  decir,  nuestra  vida,  ya  no  es    trascendental.   Mirando   el   paisaje   que   nos   rodea,   vista    la   humillación   del   ser   humano,   la   violación   de   su    soledad   exacerbada   por   la   polución   informativa   de   todos    los   deseos,   la   desigualdad   y   la   explotación   múltiples,    parece   cierto  aquello  de  que  "Dios  ha  muerto"  pero  Dios  no    puede   morir   sencillamente   porque   no   existe   y   nunca   ha    existido,  pero  es  lamentable  que  un  símbolo  de  lo  bueno,   de    los   ideales   de   justicia   e   igualdad,   se   haya    convertido en   su   reverso,   en   una   espada   de   dos   filos    que   corta   cabezas   a   diestro   y   siniestro   y,   a   la    postre,   en   una   expresión   de   la   decadencia   humana   que    delega   la   responsabilidad   de   su   evolución   en   manos   de    terceros   inexistentes  o  usurpadores  vitalicios  de  los  mismos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;12   Este   cruce   de    cables,  que   ha   llegado  a  afirmar  con    justicia   que   "la religión es el opio del pueblo", se  vuelve   ahora   contra  nosotros  como  un  boomerang.  Destruimos  o    desnaturalizamos  la  religión    sin   comprender  que  este  hilo    simbólico   que   une   el   cielo   con   la   tierra,   pese   a    sus   perversiones   históricas      netamente      reaccionarias,      constituye  el  cordón  umbilical  de  la  vida  consciente  pues   nos    da   noticia   de   su   trascendencia,   siquiera   para   las    generaciones  que  nos  siguen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;I&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;7&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;13  Perder  de  vista  el  hilo  de  ese  mensaje  vital  de  la    tradición   religiosa   no   eclesial   por   medio   de   la   que    trasciende   la   luz   de   la   conciencia   que   ilumina   lo   que    somos   y   lo   que   hacemos   aquí,   nos   convierte   en   esas    estrellas   fugaces   que   siguen   alumbrando   aunque   están   muertas.   Somos   los   habitantes   de   una   estrella   que   se    cae   del  cielo  en  la  medida  en  la  que profanamos  la  vida  de   la   tierra   y   afirmamos   esta   nueva   especie   mortal:   el    homo   tecnosalvaje,  el  héroe  indiscutible  de  nuestras  pantallas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;a name="final"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3407801859516501874-2275381930933530030?l=lamadjinpa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3407801859516501874/posts/default/2275381930933530030'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3407801859516501874/posts/default/2275381930933530030'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lamadjinpa.blogspot.com/2011/06/la-revolucion-real-una-revolucion.html' title=''/><author><name>Juan Amor</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='26' src='http://2.bp.blogspot.com/_w0635gqc380/S9XdmT3d9cI/AAAAAAAAADg/VS0G8zIUQCE/S220/Juan_Amor.jpg'/></author></entry></feed>
